Licencias libres: me quedo con la BSD
8 de julio de 2009Me encuentro desarrollando estos días mi programa de dominación mundial Magis (anteriormente llamado MagiSQL). Aunque desde un principio pensé en licenciarlo con GPL, mi creciente antipatía por Richard Stallman y la cláusula que ahora comentaré me han llevado a preferir la licencia BSD.
Las dos licencias de las que hablo son licencias de software libre aprobadas como tales por la OSI (Open Source Inititative). A grandes rasgos, ambas amparan las cuatro libertades del software libre (libre uso, libre estudio, libre modificación y libre redistribución). La principal diferencia radica en la cláusula protectora de la GPL: los programas licenciados bajo sus términos no pueden ser mezclados con software no libre, es decir, las obras derivadas de una GPL deberán ser GPL también. Esta cláusula es muy importante para los defensores de la religión GNU, pero personalmente prefiero que la libertad sea libertad real: mi software es tan libre que puede ser usado para propósitos no libres.
Más allá de cuestiones doctrinales, la cláusula protectora de la GPL intenta promover la creación de más software GPL, en base al ya escrito. En la otra cara, esta libertad (libertinaje para los Stallman-áticos) de las licencias BSD y similares es observada con recelo, ya que permite a terceros (empresas) utilizar software libre ("gratis") y vender estos sistemas modificados, consiguiendo así que el propio software libre esté al servicio del malévolo negocio del privativo.
En mi opinión, esto es cierto, algunas empresas pueden aprovecharse de los que hacemos software libre para redistribuirlo con/como privativo; es un peligro patente. Pero entiendo que la libertad significa más que una barba larga y la cultura hippie que envuelve los sermones de RMS. Quiero hacer programas tan libres que se pueda incluso malutilizar su libertad; porque la libertad no está en el software, sino en las personas que lo usan.







