Pensar a lo grande, vivir a lo grande
19 de marzo de 2009Mucha gente vive año tras año sin un rumbo fijo en su vida. No se plantean objetivos, valores, motivos por los que vivir de la forma más plena que les sea posible.
Napoleon Hill recomienda cuatro líneas guía para trazar unos objetivos vitales y poder seguir ese rumbo a largo plazo:
- Los objetivos tienen que ser claros y específicos: qué quieres hacer con tu vida, cuál es tu lugar en el universo, qué piensas hacer con el tiempo que tienes. Es necesario echar a volar, ver la realidad desde un punto de vista más amplio de lo rutinario y tomar decisiones firmes.
- Los objetivos no tienen por qué ser realistas o alcanzables: todo es posible, siempre y cuando se sepa cómo hacerlo. Una vez establecidos los objetivos, debe planificarse el modo de alcanzarlos. Si los objetivos resultan abstractos, concretarlos.
- Tus objetivos deben ser cortos. Es bueno repetirlos cada mañana.
- Tus objetivos deben hacerte sentir bien, ya que sabes qué vas a hacer. Es una actitud de anticiparte al futuro que has elegido.
De la reseña que hacen en Dumb Little Man, me gusta el siguiente párrafo:
Your life is like a ship. Of course, you need a crew, busily working away to keep afloat and keep moving, but even more importantly, you need a map, you need a compass and you need a captain. Without them, your ship just won't get anywhere.
Tu vida es como un barco - por supuesto, necesita una tripulación, trabajando con ahínco para mantener a flote y en movimiento la nave, pero aún más importante, necesitas un mapa, necesitas una brújula y necesitas un capitán. Sin ellos, tu barco simplemente no va a ninguna parte.
¿Y esto, cómo se come desde la fe? Me gusta ya que después de haber leído el texto, uno puede pensar que esta visión de la vida se contradice con una entrega santa a la voluntad de Dios. La metodología planteada (objetivos más o menos fijos, poner cada día tus energías en ellos) puede coincidir o diverger con una visión cristiana del día a día: la vocación a la que estamos llamados, elegida por el Señor marca unos objetivos a gran escala, es más, sería más acertado hablar de "sentido" más que de "objetivos". No obstante, los objetivos pueden ser el sentido de la vida. En la de un cristiano, el objetivo es estar con Dios, y el sentido de la vida apunta hacia Él. La vida eterna, expresión máxima de vida plena en el Señor, supone una superación de cualquier objetivo vital.
Al mismo tiempo que Dios marca el "qué", en líneas generales, marca también el ritmo de la vida, en la medida en que libremente se lo permitamos. Napoleon Hill recomienda recordar y revivir cada día los objetivos marcados, para que éstos inspiren las actividades de la jornada. La Iglesia propone comenzar el día rezando, para que Dios nos inspire el mejor camino para llegar a nuestros objetivos.
Encontremos un punto de convergencia de las dos visiones: dejemos que Dios lleve nuestra vida, dirigiendo nosotros nuestras pocas acciones, pidiendo fuerzas y discernimiento para ver qué y cómo, y esforzarnos, en la medida que esté en nuestra mano, para ser lo más felices posible.








